Cuando estaba en tercer grado, a mi mamá se le metió en la cabeza que necesitábamos mudarnos a una casa más grande. Mis hermanas y yo habíamos visto la casa porque era la comidilla del vecindario
“El médico vendrá enseguida”. Cuando escuchas estas palabras, ¿te sientas en el borde de tu silla de vinilo mirando la puerta, sabiendo que se abrirá en cualquier momento?
Mi plan: Tres hijos con dos años de diferencia. Nuestro primer bebé nació justo a tiempo, así que cuando llegó el momento de quedar embarazada del segundo, creíamos que teníamos todo bajo control.
Los niños tienen sueños grandes y descabellados. Tienen ideas, entusiasmo, y no tienen ni idea de que, a veces, esos sueños son prácticamente imposibles.
Mis ojos se llenan de lágrimas al escribir este primer pensamiento y, con dolor, lo admito; me pregunto el por qué del sufrimiento al menos cada dos días.