Jesús nos llama a ser luz para el resto del mundo, así que seamos una iglesia en constante crecimiento, movimiento y generosidad. Ofrezcamos nuestras manos de ayuda a nuestros vecinos, cercanos y lejanos, y compartamos con ellos el amor de Jesús. Se nos dice que seamos una ciudad en una colina inescrutable: es hora de dejar que nuestra luz brille mientras servimos, compartimos y damos, siendo las manos.