Escuchamos y no juzgamos

Lindsey Jodts, Pastora de Grupos y C&J, South Barrington | 11 de septiembre de 2025

«No juzguen, para que no sean juzgados. Porque con el mismo juicio con que juzguen, serán juzgados, y con la misma medida con que midan, se les medirá. ¿Por qué te fijas en la paja en el ojo de tu hermano y no te das cuenta de la viga en el tuyo?»
Mateo 7:1-3 


Una tendencia reciente en redes sociales se ha extendido: parejas, amigos o compañeros de trabajo empiezan con la frase "Escuchamos y no juzgamos" y luego comparten confesiones, anécdotas divertidas o perspectivas curiosas, confiando en que quienes aparecen en el video escucharán y no reaccionarán. Si bien el concepto ofrece la posibilidad de crear un momento de intercambio seguro, los resultados siempre son dispares. La gente comparte que vendió el bolso de diseñador de su novia, rompió algo del que antes fingía no saber nada, o hizo algo totalmente vergonzoso o desquiciado en su primer día de trabajo que nunca le había contado a nadie, y la respuesta del oyente solía ir desde una carcajada hasta un intercambio verbal. 

Si bien esta tendencia no es exactamente lo que Jesús tenía en mente cuando pronunció las palabras de la Escritura de hoy, la esencia de estas no parece estar muy lejos de la realidad. Jesús anhelaba que las personas se miraran a sí mismas antes de juzgar a los demás, creando un espacio para que otros se sintieran seguros en lugar de etiquetados o avergonzados. Jesús enseñaba regularmente a grandes multitudes en presencia de personas de todos los ámbitos de la vida, desde los pobres y discapacitados hasta la élite religiosa. Con frecuencia, sus enseñanzas se dirigían a esos líderes religiosos de manera subliminal, contrastando su legalismo jerárquico para ofrecer un espacio de equidad reflexiva y humilde. En lugar de juzgar a los demás y considerarlos indignos o pecadores, Jesús instó a las multitudes a mirar hacia adentro y reflexionar primero sobre sus propias vidas y su necesidad de transformación antes de evaluar a quienes los rodeaban.  

Cuando nos examinamos a nosotros mismos primero, en lugar de juzgar a las personas en nuestra vida, ofrecemos equidad y seguridad a quienes nos rodean. La autorreflexión honesta requiere una postura de humildad. Estar dispuestos a identificar los aspectos en los que aún necesitamos crecer es un don de vulnerabilidad y autenticidad que inevitablemente impacta a quienes amamos. Jesús no pide una postura de contárselo todo a todo el mundo, sino un corazón sincero y humilde. Cuando nos examinamos a nosotros mismos primero, mostramos a quienes amamos que no serán juzgados por nosotros, sino que tendrán un espacio seguro para compartir sus luchas y fortalezas. 

Cuando nos miramos a nosotros mismos con honestidad y a los demás con apertura, todos podemos experimentar la gracia y tener la oportunidad de florecer. 

Próximos pasos

Dedica un tiempo a reflexionar. ¿En qué aspectos aún necesitas crecer? Practica un tiempo de confesión llena de gracia. ¿A quién has juzgado en tu vida? De nuevo, practica un tiempo de confesión llena de gracia.