Las heridas emocionales pueden persistir, pero la verdadera sanación comienza con el perdón. Mateo 18 y Efesios 4 muestran que el perdón es vital para la libertad personal y el crecimiento espiritual. No se trata de que otros merezcan el perdón, sino de acoger la gracia de Dios, dejar atrás el dolor y encontrar una paz duradera.