Ira y reconciliación

Willow Creek | 2 de noviembre de 2021

Este pasado fin de semanaEl pastor Shawn continuó Los monstruos de dentro con un mensaje llamado "Ira y Reconciliación". Shawn explicó cómo la ira es una raíz amarga que intenta plantarse en nuestros corazones. Pero la ira no comienza como ira. Comienza como amargura, que luego lleva a la ira. Cuando la ira se asienta y se alimenta con más y más amargura, se convierte en el brutal e implacable monstruo de la ira. Pero hay un antídoto para mantener este monstruo enjaulado y controlado: el perdón. 

 

Parece muy sencillo, pero el perdón es algo fácil de decir y difícil de practicar. Sólo tenemos que mirar fuera de nuestras puertas. El mundo es un lugar que no perdona; es rápido para anular y lento para reconciliarse. En esta época, un solo pecado en el ámbito equivocado es suficiente para desterrar a alguien para siempre. Sin embargo, como cristianos, estamos llamados a un estándar más alto. 

 

En Efesiosse nos dice que perdonemos como hemos sido perdonados. Este mundo tiene su norma para gobernar, pero Dios tiene la suya. Como cristianos, somos tan culpables como cualquier otro. La Biblia dice que si odiamoses tan malo como el asesinato, y si miramos lujuriosamentees tan malo como el adulterio. Cuando alguien nos ha hecho daño, esa persona necesita nuestro perdón, al igual que nosotros estamos en constante y desesperada necesidad del de Dios.

 

Como cristianos, seamos conocidos por nuestra gracia debido a la gracia que se nos ha dado. Si alguien en esta tierra debería ser rápido para perdonar, deberíamos ser nosotros.

 

Cuando perdonamos, no estamos excusando el mal; por el contrario, estamos arrojando un cubo de gracia helada sobre el fuego de la amargura, la ira y el enojo que tanto quiere arder en nuestros corazones. 

 

No siempre es fácil perdonar. De hecho, a veces puede parecer imposible hacerlo. ¿Cómo se perdona al cónyuge infiel, al compañero mentiroso o al vecino vengativo? Recuerda que no estamos aprobando su comportamiento, sino que estamos liberando el control del dolor en nuestro corazón que quiere tomar represalias. 

 

Las personas que hacen daño hieren a los demás. Cuando dejamos que la ira se encone, está destinada a desbordarse fuera de nosotros y tocar a otros. Necesitamos detener ese ciclo de dolor e inundar nuestros corazones con el perdón, la increíble gracia de Dios. 

 

Aunque esa persona no merezca nuestro perdón, nosotros tampoco merecemos el de Dios. Seamos rápidos para perdonar, lentos para la ira, y pidamos apasionadamente a Dios que expanda nuestros corazones y que podamos confiar en su juicio final.

 

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