Todo está conectado
Mark Pulsifer, escritor voluntario, South Barrington | 1 de enero de 2026

El amor no se regocija en la maldad, sino que se alegra con la verdad.
1 Corintios 13:6
Queridos amigos, amémonos unos a otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.
1 Juan 4:7-8
Imagine la siguiente situación: antes de que el niño salga para la escuela por la mañana, su madre lo anima, recordándole que es inteligente y capaz, y que Dios tiene grandes planes para él. Lleno de amor y ánimo, ese día el niño entra a su aula y ve a una nueva estudiante sentada sola. Sin pensarlo, se sienta a su lado e intenta hacerla sentir bienvenida.
Lo reconozcamos o no, todos vivimos conectados de diversas maneras. Por eso, cómo nos tratamos a nosotros mismos, a los demás y a Dios importa más de lo que creemos. Tanto el amor como el pecado tienen un impacto profundo en nuestras relaciones y en el mundo.
El amor al que se refiere la Escritura de hoy es el amor divino del Padre, a través de su Hijo, Jesús, hacia nosotros. El amor nos conecta a todos con la Vida, cuya fuente es Dios.
¿Conocen los padres el efecto dominó que tiene animar a sus hijos antes de empezar el día? No, no podrían, pero sin duda lo tienen. Lo mismo ocurre con nuestras reacciones negativas.
Cuando actúo con falta de respeto o impaciencia hacia otra persona, ya sea en pensamiento, palabra o acción, cometo pecado. El pecado es el enemigo silencioso que interpone una barrera entre Dios y nosotros. El pecado impide que su Espíritu Santo fluya libremente por nuestro mundo; impide que el amor fluya a través de nuestro mundo interconectado.
He llegado a odiar la conciencia y la sensación de estar alejado de Dios debido a mi pecado. Con el tiempo, he aprendido a humillarme, a pedir perdón y a orar por quienes he maltratado. He descubierto que con la práctica se vuelve más fácil y rápido. Dios siempre se complace en ayudar a resolver el asunto y bendecir a todos los involucrados. Le pido a Jesús que renueve mi corazón y me dé su amor por los demás.
Amar a Dios nos transforma por dentro y por fuera. Esta relación produce un cambio radical en el carácter de todos los que están abiertos y cooperan con el Espíritu Santo, permitiéndonos confesar nuestros pecados y vivir en el amor de Dios. Esto transforma nuestro mundo, y la oscuridad no puede vencerlo.
Próximos pasos
Este Año Nuevo, tómate un tiempo para estar solo y en silencio para reflexionar sobre tu vida. Considera pedirle a Dios que te ayude a amarlo mejor a él y a los demás, como lo hace Jesús. Esto siempre implica que Él sane tu corazón y tu mente. Asegúrate de agradecerle por amarte y estar disponible.
Pídele a Dios que te recuerde que debes orar por ti mismo y por los demás a lo largo de cada día.
Lea y reflexione sobre el libro del Nuevo Testamento, 1 Juan.