¡Oh, hermano(s)!

Bjorn Burrows, Pastor de Grupos, South Barrington | 6 de abril de 2023


Pero José les dijo: «No tengan miedo. ¿Acaso estoy en el lugar de Dios? Ustedes pensaron hacerme daño, pero Dios lo transformó en bien para lograr lo que ahora se está haciendo: salvar muchas vidas. Así que, no tengan miedo. Yo los sustentaré a ustedes y a sus hijos». Y los tranquilizó y les habló con ternura. 

Génesis 50:19-21

¡Oh, hermano! Esta es una expresión idiomática versátil que podemos usar con frecuencia para expresar gran emoción, enfado, entusiasmo o sorpresa. En la historia de José y sus hermanos, imagino que esta frase se habría aplicado a muchas partes del relato. Imaginemos el contexto: cuando los hermanos de José fingieron su muerte y lo vendieron como esclavo, él podría haber dicho con gran incredulidad: «¡Oh, hermanos!».

A medida que la historia continúa, estando en Egipto, gracias a la divina providencia y a una serie de acontecimientos inesperados, José asciende al segundo cargo más alto del país. Su liderazgo y autoridad orientan a Egipto para almacenar alimentos que salvan a la nación y abastecen a otras naciones que también sufren hambruna. Esto lleva a los hermanos de José a Egipto. Sin que ellos lo supieran, se reencontraron con él en Egipto y, tras una serie de acontecimientos, José tuvo el poder y la oportunidad de vengarse de sus hermanos. Sin embargo, al final, José los perdonó y reveló su verdadera identidad. Con gran sorpresa y cierto alivio, es posible que todos los hermanos de José exclamaran: "¡OH, HERMANO!"

Me viene a la mente esta famosa cita del poeta inglés Alexander Pope: «Errar es humano; perdonar, divino». Cuando alguien nos hace daño y nos causa un gran dolor, es difícil perdonarlo. ¡Ay, hermano, esto puede ser muy difícil! Pero Dios puede usar el mal para bien. La capacidad de perdonar de José venía acompañada de una gran fortaleza, divina . Si bien debemos reconocer como maldad, Dios la usó para enaltecer a José y prepararlo para salvar naciones. Hay un propósito en el dolor. Romanos 8:28 dice: «Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados».  

Que nuestra confianza en la fuerza de Dios y nuestro deseo de obedecer su palabra nos animen a perdonar. Al acercarnos a la Pascua, recordemos el ejemplo de nuestro Rey Jesús, quien, clavado en la cruz, oró por el perdón de quienes lo pusieron allí.

Próximos pasos 

  • Reflexiona sobre las veces que Dios transformó una situación terrible en la que te hicieron daño para bien. ¡Dale gracias a tu Padre Celestial por ello! Anota en tu diario las lecciones que aprendiste en esa situación o durante ese período. 
  • Haz un examen de conciencia y considera si aún te aferras a algún vestigio de dolor pasado. ¿Qué pasos puedes dar para encaminarte hacia el perdón?